Aquella vida, cuando El Faro se divisaba desde Maspalomas

Aquella vida, cuando El Faro se divisaba desde Maspalomas

La nonagenaria Ángela Rodríguez Artiles, vecina del Patronato, se convierte en la primera protagonista pregonera audiovisual de las fiestas de San Fernando

“Hoy en día no creo yo que exista una sola mujer que se case doncella”, afirma la vecina del Patronato de viviendas Francisco Franco de Maspalomas Ángela Rodríguez Artiles, que a sus 90 años se convirtió este jueves en la protagonista del primer pregón audiovisual de las fiestas patronales de San Fernando 2013.

Hija de Saturninita, la antigua propietaria de la vivienda de arquitectura rural tradicional que ahora acoge las dependencias de la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, la pregonera contó que sus padres fueron medianeros del Conde, que tuvieron 12 hijos y que su madre se casó con 16 años con un primo hermano once años mayor que ella. Eso era lo que se estilaba entonces.

Por eso el pregón de Ángela Rodríguez, narrado en primera persona y filmado por el realizador Pedro Artiles, se convirtió para los numerosos espectadores en un documental sobre su vida, pero también en una mirada al pasado reciente del Maspalomas anterior al turismo.

“De la carretera de la Viuda de Franco hacia abajo no era sino tierra, y desde aquí se divisaba clarito el Faro de Maspalomas y la playa”, afirmó. Entonces los pocos vecinos de Maspalomas se dedicaban al cuidado de animales de sustento y sobre todo a la agricultura con plantaciones de cebada, trigo, judías…Sólo habían tres grupitos de casas en El Lomo, Buenavista y a lo largo de la carretera en la zona de la Viuda de Franco y El Mercurio. “Aquí nos mirábamos como hermanos. Éstábamos muy unidos porque éramos poquitos, pero ya de Maspalomas quedamos pocos, muy poquitos”, dice.

Precisamente en las inmediaciones de la Viuda de Franco nació Ángela Rodríguez Ártiles en 1923, cuando la escuela estaba emplazada en la zona que ahora ocupa el Hotel Waikiki.

Ella y sus hermanas sólo empezaron a trabajar en los tomateros y almacenes de tomates en Vecindario cuando sus hermanos fueron alistados para la guerra civil y tuvieron que cerrar la panadería familiar.

Pero también trabajó la pregonera durante su juventud duramente y durante muchas hora en los almacenes de tomates que estaban en las inmediaciones del Faro de Maspalomas, a donde acudía caminando diariamente porque no habían coches. Cuando había muchos tomates se trabajaba hasta las doce de la noche o incluso hasta la una de la madrugada, y al término de la jornada volvía caminando a Maspalomas para regresar al día siguiente a las ocho de la mañana.

La costumbre

La pregonera de las fiestas de San Fernando 2013 es una mujer que no ha perdido la costumbre de desayunar leche y gofio, de pedirle a Dios que no la haga sufrir cuando le toque el turno, de hacer de comer para la familia y, pese a su edad, de caminar mucho, mucho. “Todavía lo hago porque también lo hice mucho de joven, cuando no habían coches, y me quedé con la costumbre”. Incluso los domingos. “No había otra cosa que pasear carretera arriba y carretera abajo”, recuerda.

Pero sus recuerdos no son muy nítidos. Un accidente y la muerte de dos de sus cuatro hijos le han hecho mella, aunque ella se alegra de haber recobrado parte de la memoria del ayer, en la que bucea para contar que se hizo auto-costurera después de abrir un traje en canal para utilizarlo como patrón. Quizá sea por eso y por tanto caminar que aún guarde una línea corporal que ya quisieran para sí muchas modelos. O tal vez por lo mucho que le gustaba bailar, tanto que para poder hacerlo incluso viajaba con su marido hasta el Vecindario.

La pregonera Ángela Rodríguez Artiles recuerda que se casó tarde, a los 33 años, y que siguiendo a su marido se fue a vivir a Arteara durante 15 años, dedicada a los animales y la labranza. Aquel destierro nunca le gustó y siempre deseó volver a Maspalomas. Cuando le dieron una casa de protección en el Patronato de Viviendas Francisco Franco vio “los cielos abiertos”.

Hoy recuerda cómo se encerraba la población de Maspalomas cuando el Ejército de Tierra realizaba las maniobras y prácticas anuales de tiro desde El Lomo hacia el mar, y cuenta como se carteó con un muchacho soldado mucho mayor que se chifló por ella, al que su madre le había alquilado una habitación de la casa, y al que decidió no escribirle más ya harta de la distancia.

Aunque sigue luciendo tipo y palmito ya no se arregla ni se pinta como antes, ni baila como antes. Ahora tiene como una de sus actividades preferidas jugar todos los días a la lotería en el Centro de Día de Mayores. Ese es su entretenimiento. Y caminar, para conservar la costumbre.